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El origen de la vid


Historia del vino de mesa
El hombre, desde los albores de su existencia, ha utilizado la vid y sus frutos. Según algunos estudiosos primeramente en Mesopotamia se cultivó la vid y se produjo vino, así como en la región del monte Ararat (Irán, Turquía y Armenia) ya desde el cuarto mileno antes de Cristo se procedía a la vinificación.

En la misma época, también en Egipto el vino era bebida para el pueblo tan solo durante ceremonias religiosas, en cambio sacerdotes y guerreros tomaban vino diariamente.

Grecia también conocía la vid y disfrutaba del vino y consideraban a Dionisio el dios de la vid y el vino. Desde Grecia la viticultura se difundió en los países adelaños.

A través de documentos arqueológicos sabemos que los Etruscos (Umbría, Toscana, Lazio) conocían la vid, vinificaban las uvas y tenían recipientes típicos para tomar el vino y para
guardarlo. Los Etruscos cultivaban la vid junto a otros árboles como el álamo y el maple. De los documentos encontrados se deduce que no podaban las vides.

¿Cómo el hombre supo entonces que, podando la vid, se obtenían mejores frutos? Una anécdota nos cuenta que en Grecia un burro comió algunas ramas de la vid y ésta, aunque maltratada por el animal, dio menos racimos pero mucho más dulces y grandes.

Los romanos no solo producían vinos óptimos, hechos con varietales distintos, sino que comercializaban, por lo tanto tenían una producción de ánforas particulares para enviarlos. El dios romano del vino era Baccus (Baco) y los Romanos lo llamaban también Lieo: "el que nos libera de las penas"

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